domingo, 17 de septiembre de 2017

Sin titulo 4


Sobre los ojos se encarama la estrada inerme de ciudades empotradas en lacustres tempestades, único botín aquilatado en breñas de mineral espectro que imperan la punzante soberanía del primer decapitado. Supe que el manto bermellón del pergamino preservarían la atribulada silueta de obstinadas profecías agoreras. Mil años de escrituras taladradas en espigado ritmo de impronta orfandad testifican mis silencios en el proscenio de los nuevos anfitriones.

He aprendido a coserme el abismo de mi piel con la experimental empuñadura de cualquier pantanosa imprudencia. De grano a hoja y de hoja a hueso el azafrán del minutero en procaces tribus lenguaraces rubrican esa curvatura que languidece la iconografía de cualquier palabra. La secreta perennidad del movimiento en nuestra agonizante tachadura descripción del personaje soterra en campanarias brumas los reinados de sensibles extravíos

Los albañales de la caña intimidan la confederada usanza de los maizales del viento rojo, mis viejos enemigos descalzan el perfume de algún dios abofeteando las acuarelas de alcanforadas relojerías. La azarosa dispersión de un lamento entre los Asfódelos campos trenzan su barroca edificación en un acto de legítima defensa: un ejercicio de hechos a los fanales de la parda lejía del hexagrama... 

Roberto Novoa Olvera

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jueves, 31 de agosto de 2017

Ruta 460.5 (PM6)









Sólo escogí tu corazón de pan anochecido,

la tersura de tu estuario descalzo

doblarse sobre cristalino río de luna encrespada

.
Traje mi concertina de borrascas tiñendo el infinito en zíngaras bohemias

y plumas de fontanas resbalando en el rastro de las nubes azotadas

para que te sonrosen el madero de los pies, cuando paloma de sueño

o canción de barcas temporales se arremolinen

o destierren la redonda clave de las hojas trovadoras





Toda patria pura te confitura un espacio de leopardas nieves tibetanas.


Como la estepa del platino entibia los lisos de la piedra doliente


cuando la hélice de tus ojos de harina figuran en la colina


de los huertos islas de celosos sargazos.


Porque nada altera tu relincho sostenido de maíz viajero


ni las bruscas tempestades de la embriaguez de la roja selva


estropean los efluvios de tu tacto planetario.






En ti, el sur de las raíces cantan la memoria


del ultimo otoño que te escondo,


o tiritan los panales incitantes de tu pecho


en la acuosa furia de mis silencios.



 Roberto Novoa Olvera


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Sin título 3




Tu palidez de ondina siente su claustro leve desgarrarse en encrespadas desmesuras.

Un pensil de agrestes mares o esporulación de negro anochecer asciende sus hinojos cebando en la mirada epidemia de añicos, sin que una luz radie los espacios que figuran.
De natura el verso calza su índice en la perpetuada lumbre de la lágrima cuyo rosal iluminado rinde sus conquistas a un número aciago que expulsa su otro pergamino de piel lambrija. Brácteas amalgamadas de venéreos aspiran de su aire la inanidad de disipados pliegues como una palabra disfrazándose de rampantes falsificaciones sobre el arpa de los cáusticos estropicios.

Todo se invalida en esta hora de setenta eternidades, corales de espinas son tus labios retorciendo los intersticios de la sombra que apresurando la desnudez de su pensamiento suspende la desconcertada intimidad de la locura.
Volvemos a juntar nuestro emplumaje sobre el abandono de estas cartas apolilladas, este instante es la traslación de un cuerpo inconforme allanando la mitad de un corazón que ya no cree en nada o se revela contra todo lo que puede salvarse.

Como nos duele justificarnos en las jornadas planetarias del Erebo.

Como nos duele aterciopelar los paréntesis en la fragilidad oceánica de la alegorías.

Roberto Novoa Olvera



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Sin título 2



Ha de nacer en tu escarcela de sueños frágiles singladuras, el grumo de las ríspidas rutinas encallan los párpados a una estación que compacta la promesa invocada en medio de los diestros rasgos del Aqueronte.

El poblador arisco en su secreta mutación de abrazantes fuelles eleva sus arquitrabes de algebraicas magulladuras. Su faz argentada en un nimbo de trémulas embarcaciones cierne la incandescencia estuprada en los mascarones de azufre condecorando el cromatismo arácnido de afilados despojos.

Voy a hallarte expandido en la desfloración conferida de renuevos inquietos. Cruzan los corredores tus praderas carnívoras acentuando la geometría filosofal de tu simulado orgullo, sangre a sangre amarran tus resuellos como un remordimiento diluido al blandir los solares pálpitos. 

Sanguinarios garfios perforan extrañísima la menguante silueta de tus balbuceos estelares, todo lo absorbes con tus disfraces de carne desbocada. Trenzas las piernas para habitar la lejanía de la épica oriental. Los fiordos aserrados del instante te descaman groseramente algo espurio, algo que levanta la juntura de tus salivaciones de escandalera y emiten vuelo hacia anfractuoso escabullir prorrumpiendo en la borrasca altos de incierto polvo.

Eres un resuello fósil en la helada recusación de los tambores de la palabra…

Roberto Novoa Olvera






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martes, 15 de agosto de 2017

Fragmentación 5


Yo para iniciarme solo tenía que llegar y palpar la brisa de un encierro, arañar la herrumbre del desprendimiento improvisado en la factoría de nativos horizontes, flexionar los pies sobre los parpados frutales de una muchacha abusada en los festines de una nación musical. Cuántas veces hemos nombrado la elasticidad de la espada lacustre de cadáveres amortajados en los retratos de la flauta de humo. Afloramos nuestra sombra al otro lado de las palabras cuyas nuevas voces convocan más palabras de astros hipnotizados. Es la hora de pincelar la fosfórica simetría de la sal en los rostros, es la hora que mis labios de exilio muerdan su carne intemporal o su edad de pirueta en el feroz acicate de la albúmina del presagio. Zumba el relampagueo rapaz de la pólvora sobre alturas atrincheradas en cualquier casa mundo, la lentitud de menguante silueta sumerge su espina de aire en la página bautismal que no se recupera de su irrevocable cierzo de fusilamiento.

Han pasado mil solsticios y quinientas tradiciones, han pasado dioses parcos palpando sus antípodas en aceites fatigados, tengo tanta escritura circular pronunciando subrepticia el testamento del sol, un barranco emponzoñando las altas barandillas de mis trajes de infancia, la hondura fugaz expandida en las cuerdas arqueadas de una desmembrada oración sin tiempo que en su opinión de escritura funda en su cromatismo arácnido una nota durmiente entre los canelos, la iluminación de los equívocos donde la lengua lila estalla sus jarcias a la sentida erosion de la frente de fábula.

Roberto Novoa Olvera

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Sin título




Cuando me haya ido 

dispón un nombre que atardezca mi piel 

en los vacíos hidrográficos de la lluvia,

dispón una brizna bermeja 

enflorando el castaño mármol de su savia cristalina.

Cuando me haya ido

di que un ópalo iridiscente de estrellas melodiosas 

fraguaron el florido arrullo de un beso 

altisonante en un minuto de Paris.

Di que me he ido al oeste de la cuerda empurpurada 

Intentando disponer núbiles mástiles al registro de las caracolas.

Di que me fui azucarando la nieve de los pechos altaneros.

Di que fui vuelo en la espiga de la arena silvestre…

Roberto Novoa Olvera

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